Samara, Viaje

Feanor miraba a su hermana desde el umbral de la puerta, apoyado serio en el dintel, mientras ella se movía por el cuarto recogiendo cosas y guardándolas de forma tranquila.

- ¿Estás segura? - Le preguntó tras minutos observándola, sabiendo lo que contestaría.

Samara se giró a mirarlo y le sonrió como siempre hacia al hablarle. Pese a que ahora no era el elfo débil y flacucho que marcho a SiempreUnidos, aún se portaba con él como si fuera su hermano pequeño y no su gemelo. 

- Son más de tres años. Si no lo estoy ya ¿Cuándo? - le pellizcó la oreja mientras le hablaba, divertida. 

- ¿Tanto? - Feanor levantó una ceja, la contraria a la que ella solía levantar cuando algo le sorprendía. Como gemelos, eran en muchos aspectos espejo uno del otro. 

Ella se sentó en la mesa donde tenía una montaña de papeles buscando alguno entre ellos mientras le hablaba.

- ¿Recuerdas la primera vez que salimos de Suldanessellar? Me llevaste a Athkatla y había una especie de concurso. Como siempre, me dejaste sola, y solo pude tranquilizarme al ver que entre el público había algún Ar-Quessir. - Se levantó de la mesa y siguió hablando sin mirarlo mientras continuaba guardando cosas - No sabia ni levantar una espada por aquel entonces y casi no me dejaban andar sin pararme por las calles en esa ciudad.


- El vestido y el peinado que  llevabas no ayudaba en pasar desapercibida. - Feanor sonrió torciendo el gesto tras lo que ella le lanzó cualquier objeto que tuviera a mano. Él conociéndola, se apartó a tiempo. - Además, ese día no te hizo mucho caso. Bueno, que yo sepa, en muchos años no te hizo mucho caso aunque le fueras pisando los talones como una cachorrita. 

Durante unos minutos volaron cojines, cepillos, y se intentó algún mordisco. Terminaron jadeando sobre la alfombra y riéndose a carcajadas. 

- Si que has cambiado, Feanor. ¡Estás fuerte, pero aún puedo contigo, hormiga! - Dijo ella levantándose para continuar haciendo sus bolsas de viaje. Seguía hablando sin parar, mientras él la escuchaba y añadía algún comentario mordaz en ciertos momento.

- Ya sabes lo difícil que es encontrar lugar en esta ciudadela. Cuando ni siquiera sabia luchar él me dio mi oportunidad, me llevo por todo Amn  y Tethyr. A conocer a muchas personalidades, y me ayudó sin conocerme, ni tener porqué. Decía que era su guardaespaldas, cuando me salvó más veces la vida que yo a él, y aun así nunca se rindió ni me dio de lado. - Se sentó de nuevo en la silla y lo miró a los ojos - Solo tú sabias lo que yo sentía. Jamas le di razones para otra cosa.


- Pero aquí estamos. Al final conseguiste que te mirara más allá de tu espada y te viera como elfa, y no una  guerrera.  - Le contestó él sin dejar de mirarla fijamente. Alzó la mano y tocándole la cicatriz de la cara, recuerdo de la guerra de Kossut. - Te vas a Evereska, a conocer a su familia, y casaros luego.

Feanor dejó de mirarla y empezó a pasear por la habitación pensativo antes de seguir hablando. - Ni yo, ni Padre, hemos sido fáciles de aguantar. Padre era muy estricto y de palabras duras. Yo te he tratado como si no supieras atarte las botas sola. Quiero que estés segura cuando des un paso así. Y si así lo decides, el día de la boda iré a estar a tu lado. 
- Pues ve buscando un traje - Le contestó sin mirarlo mientras guardaba las bolsas bajo la cama. - Además, aún no me voy, tengo algo que terminar en los cielos - Se giró hacia él mientras se ajustaba la espada a la cintura. - Y solo me voy unos días. Luego vuelvo a molestarte y seguir con mis deberes en el ejército. ¡No te vas a deshacer de mí tan fácil, hermanito!

En todo momento había tenido el uniforme de los Akh´Velahr puesto. Rojo oscuro como lo llevaba ahora. Salió por la puerta como un torbellino granate camino a Capitanía y esperar ordenes para la batalla. Pero antes de salir, le tiró a la cabeza una bola de papel que le dio en toda la coronilla.

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